Archivos de la categoría ‘Placeres que atormentan’

Sálvese quien pueda

Posted: 24 diciembre, 2011 by Frankie in Placeres que atormentan

Ritual canibal (o casi)  La llegada al domicilio de la ejecución se va a producir esta misma tarde, un rato después de que escriba en este blog. Sé como será, dado que todos los años las víctimas somos las mismas y el lugar no cambia: luces estridentes que desafían el consumo responsable, aumentadas por bombillitas [...]

El porvenir de una ilusión

Posted: 13 noviembre, 2011 by Frankie in Ficciones, Placeres que atormentan

Votar y cambiar la vida, ah. Ya casi estamos, amigos míos, menuda emoción, cachis. El que dentro de una simple semanita haya un cambio de gobierno promovido por las urnas ¿acaso no es algo maravilloso? Ya sea que salgan por mayoría tanto el ilustre y magnánimo Rajoy, como el fascinante Rubalcaba, si lo hacen será [...]

Abierto hasta el amanecer. La disco Spook se hallaba sitiada de coches y yo dejé el mío casi al extremo del párking,  junto a  las malezas de una acequia. Juanmi -que se meaba- bajó rapidísimo, metió un pié en los matorrales y tuvo tan mala suerte que metió el otro en una especie de desnivel, [...]

No para viejos. Quique fue la primera víctima colateral del “viajecito” que nos dimos aquella noche. Suena muy feo decirlo, pero al ver que no estaba en los baños y no se le veía el pelo por ninguna parte, decidimos marchar los cinco restantes. Haciéndolo así, minimizábamos el riesgo de multa en caso de que [...]

Con drogas y a lo loco. Bueno, teníamos un plan genial y absolutamente seguro, ejem. Entraríamos en Chocolate a las tantas de la madrugada y nos  zamparíamos allí dentro una “seta” de LSD. Aquella discoteca era conocida por tener diseño de caverna alambicada, estalactitas, mucha oscuridad y estar llena de góticos familia del conde Drácula. [...]

Tareas vacacionales.

Posted: 6 julio, 2011 by Frankie in la epopeya, Placeres que atormentan

Madrugones en el paraíso. Escapas del asfalto para aterrizar en la pinocha y el polvo. La urbanización que te acogerá estas semanas impone otro ritmo de vida, con las horas centrales del día como momentos letales en los que ni se puede asomar cabeza. Un servidor finaliza su jornada, llega a punto de comer y [...]