El cerebro chivato

Publicado: 18 septiembre, 2010 de Frankie en Paranoias del XXI

Neuromárketing y mangoneos.

Nada tan eficaz y cotilla como mirar lo que pasa en el cerebro al tiempo que se le exhiben anuncios e incitaciones diversas a la persona dueña del mismo.

Las técnicas de resonancia magnética cerebral (RMF)  -ver que zonas consumen más sangre- y las de SST  -ondas mentales en tiempo real-  equivalen a enfocar una linterna sobre las emociones en acción de un voluntario cándido.

Las emociones, precísamente,  son las que deciden la compra por mayoría; su camino hacia las zonas motoras es mucho más cortito  -una herencia evolutiva-  que el de los razonamientos lógicos, que siempre llegan después, cuando ya estamos actuando/comprando/metiendo la patita. Nuestro cerebro emocional desea fundir la tarjeta de crédito y el racional intenta detenerlo, consciente de que debemos ahorrar para la vejez.

Es algo que ya se sabía, sí, pero lo novedoso es que dichos conocimientos están pasando de los laboratorios al mejor postor  -la ética de muchos científicos parece estar siempre en venta- que son las multinacionales, uno de los malos más resultones para cualquier entrada de blog  ya que, así, te evitas  el tener que hablar sobre sindicatos y huelgas generales y acabar crispado.

Para librarnos de ello, Martin Lindstrom nos describe en su libro Buyology (uno de los títulos, por cierto, más feos que he visto) los resultados de un experimento que duró desde 2004 hasta 2007. Costó siete millones de dólares vacilones (aportados por ocho importantes mangan, digoo,  compañías) y se realizaron múltiples pruebas  con voluntarios del mundo entero ( mas de 2000), participando doscientos investigadores. Casi nada, menudo tinglado. Y todo ello sin la mas mínima interferencia política ni burocrática.  Que cuando se busca  vender más no mete las zarpas ni dios

Y los resultados, sorprendentes, eh voilá.  Para abrir boca, resulta que las advertencias de las cajetillas a los fumadores, esas imágenes y frases horribles, no sirven de nada. Dichas imágenes estimulan el “punto del ansia”, que cosas.  Y este puntito, una vez estimulado, lo que hace es pedir más de lo mismo para calmarse, como los nenes pelmazos.

En los cuestionarios, los fumetas respondían que, efectívamente, creían que los avisos disuasorios sí funcionaban, pero esta creencia resultó ser algo ilusorio: se concluyó, más bien, que sentían una sensación culpable por el estímulo que recibía dicha zona del ansia. Esto tiraba por tierra la validez del método de rellenar cuestionarios: nadie es sincero del todo al contestar aunque el mismo lo piense, de ahí el fracaso repetido de la mayoría de investigaciones de mercado.

También,  la mente,  al contemplar la publicidad de marcas con gancho,  muestra una actividad igualita a la que se tiene con las experiencias religiosas, con sus figuras y símbolos. Los devotos del Ipod, los Ferrari, o la Heineken, experimentan  una felicidad extática muy cercana a la de los creyentes en la Virgen María cuando ven una estampita: una intensa identificación, placer y dependencia.

Con ello, no pretendo decir que las dos experiencias  signifiquen y se reduzcan a lo mismo, ojo, sino que funcionan  igual en el plano emotivo, coincidiendo con las pasiones que despiertan los líderes deportivos y nuestros equipos del alma. Y al alma, si le asustas consigues venderle más, otro de los resultados inquietantes y que más gustó a una de las compañías, una farmaceútica que entraba en el patrocinio.

Como resultado predecible, cada vez habrá más corporaciones que exploten nuestros miedos e inseguridades personales. Nos dejarán caer lo de que si no compramos sus productos nos convertiremos en marginados, en seres imperfectos: que tendremos caspa o mala piel: que si no tomamos ese antidepresivo nos quedaremos para vestir santos. Usando la iconografía inconsciente de tipo religioso se asegurarán lealtades inquebrantables a la marca.

La misma, en vez de investigar mercados como hasta ahora, pasará varios tipos de anuncios, para ver cual impacta más a nivel íntimo, averiguándolo gracias a las imágenes de la RMF.  Este desarrollo fue financiado, por cierto y originalmente, con fondos públicos, que mira que los contribuyentes somos un pedazo de pan.

Así que a dejar de ser títeres, por la cuenta que nos trae. Hagamos una pausa antes de comprar la nueva crema para la piel con aroma de vainilla, la colonia que insinúa una potencia sexual inaudita y todo eso.  O sucumbamos a la Babilonia del centro comercial con alegría, allá cada cual, je, je. Y que esto que escribo, por cierto, no es más que la típica entrada paranoide del fin de semana, hecha con el ánimo de siempre, confundir lo más posible al tiempo que combato a las Fuerzas del Mal.

Un saludete consumista pero sin pasarse, guap@s.


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comentarios
  1. […] Siempre puedes decir a una compra que no, se dirá, pero pensar esto, en los tiempos del neuromarketing que viene (neurología por imagen cerebral aplicada a la publicidad, un movidón de la hostia, ya veréis) […]

  2. maxtor dice:

    Cuando salgamos de un centro comercial, por lo que cuentas, vamos a tener que acudir a un hechicero o algo parecido a que nos quite los hechizos o los embrujos o lo que sea que nos hayan metido para que compremos. Subvencione usted la ciencia para que luego la terminen aprovechando los mercaderes.

  3. Sr. IA dice:

    No me cabe la menor duda de que los centros comerciales son a la sociedad del siglo XXI lo que las iglesias a la del XVII

  4. francissco1 dice:

    Por ahí va la cosa, creo yo, Sr. IA. Allí se representa un ritual y todo eso que nos cuentan los entendidos. La despedida final del empleado, su artificialmente obsequioso “Muchas gracias, sr” cuando nos envuelve la compra y nos despide, podrían equivaler al “podéis ir en paz” del sacerdote.

    El que la tarjeta nuestra sea validada nos hace sentirnos aceptados, como en “comunión”, ejem. Y allí dentro nos sentimos “saciados”, como en las bienaventuranzas. Por contra, maxtor, lo veía más por el lado paranoide, con lo de librarnos de los embrujos. Yo le aconsejaría un vidente que mirara las ondas por el EEG, je, je…

    Y, desde un punto de vista agnóstico y aséptico, no sabe uno si estos sentimientos de comunión intensa son más positivos en su vertiente eclesial o consumista. De la Iglesia, al menos y en teoría, sales con la cuenta intacta. Aunque no ejercites tu instinto de cazador recolector

  5. Sr. IA dice:

    Bueno, con la cuenta relativamente intacta.
    Antiguamente, la iglesia cobraba diezmos, juros, pechos, ofrendas, las realas, y misas y capellanías y… Ahora mismo no tengo la relación completa pero estoy estudiando el sistema fiscal de una diocesis del XVII y le aseguro que de salir intacto nada. Por haber había incluso promociones, terminando por la más sensacional de todos los tiempos… Suscríbase a nuestras bulas y tendrá un reducción del 15% en los sufrimientos del Purgatorio (garantizado).

  6. padawan dice:

    Y dentro de poco tendremos anuncios contextuales, en función de nuestro estado de ánimo… ¿estás triste? ¡Compra este disco de Radiohead y revuélcate en tu miseria!

  7. francissco1 dice:

    Ja, ja, ja…con la crisis no me cabe duda de que experimentarán con la forma de que en un centro comercial te puedan entrar sensaciones de júbilo y arrebato intenso, para que fundas la billetera, digoo, la tarjeta, que antiguo soy, por dios.

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