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En versión paternalista.

Publicado: 13 octubre, 2010 de Frankie en Cine para masocas

¿Abolición del doblaje?

El ministro de Educación, Angel Gabilondo,  hermano del Iñaki de la Cuatro y, por lo tanto, automáticamente intocable para los medios del grupo Prisa y Telecinco, pretende abolir el doblaje. Sus declaraciones, que ya han provocado la congoja de mi parte insumisa/comodona, vienen a ser tal que estas: “…ha llegado el momento de mantener en versión original las películas, para que aprendamos en el cine lo que no se nos quedó en el colegio...”

La supuesta ventaja  -según el- sería la mejora del nivel de inglés, lastrado y deficitario en varias generaciones por culpa del doblaje (sic). “No es la panacea –advierte Gabilondo- pero los países en donde no se doblan las películas hay un mejor conocimiento de los idiomas”.

Bueno, hagamos juego, señor@s. A la hora de escribir esta entrada queda muy lejos de mi ánimo negar la agradable experiencia que supone oír a los actores con sus voces auténticas, para empezar porque yo mismo lo hago bastantes veces en casa con los DVD,  al poner la versión inglesa con cartelitos, tan solo por deleitarme con los sonidos genuinos e inimitables que emiten los personajes originalmente. Los hay que da auténtico gusto oírlos. Por tanto, estoy a favor de que exista esta posibilidad tanto en casa como en las salas y no añadiré una sola línea en contra.

Pero es que, es muy preocupante que este ministro, responsable de gestionar el crítico nivel educativo revelado por el informe PISA, se vaya por los cerros de úbeda cinéfilos, en vez de hacer sus propios deberes, que mira que es malandrín.

El hermano de Iñaki debería quizá incrementar las escasas horas dedicadas al inglés en las aulas, o aumentar el número de profes para que estos no estuvieran tan desbordados. O investigar en pedagogía linguística, no sé, tal cosa ya pertenece al ámbito experto y doctores tiene la escuela (quizá tenga demasiados, podría ser). También se podrían subvencionar las posibilidades de aprendizaje cuando ya eres adulto, otra opción. Todo ello requeriría varios miles de entradas para analizarlo.

Pero es que hacer cosas como las que se sugieren arriba supondría invadir competencias autonómicas, reconocer fracasos en política educativa y afrontar el triste estado de la cosa pública esta de las narices.

Por ello, este angelito, ejem, que fué profesor adjunto de Metafísica, ha elegido irse por las nubes, no sé si influido por la asignatura que impartía. Pretende seguir  -si no es un globo sonda, que podría-  la vía asquerosamente paternalista de imponernos a todos la forma de ver las películas en nuestro tiempo libre. Películas de propiedad privada que pagamos líbremente con  nuestro dinero y en las que empleamos nuestras horas de ocio.

Va a romper el relax que supone la experiencia audiovisual mediante un añadido textual que rompe y estropea el plano por debajo y que te supondrá una desconexión contínua de la acción, por tener que estar leyendo. Y no me vale lo de que “con el tiempo te acostumbras” , como les pasa a los pobres lusos.

Si  es  innegablemente cierto que la experiencia original del film supone unos diálogos en inglés, también lo es, por la misma, que el cine consiste en escuchar y contemplar, demonios. Pelean en Troya y les oyes y les ves, eres uno de ellos, te sumerges en la plástica y los sonidos de la escena, en los gritos de la batalla, en esas voces surgiendo de las gargantas. Por Zeus  ¿como te vas a poner en la piel de Aquiles, si cuando grita Patroclo tienes que mirar el cartelito de los cojones para poder entenderlo? Si  realmente quiero elevar mi nivel de English ya tengo academias  de sobra para hacerlo yo mismo sin que  joroben mi esparcimiento.

Y  sobre todo lo que más fastidia ¿Porqué a mis años debo/debemos todos aguantar la imposición estúpida, dirigista y  tutelar de un politicastro?  ¿Por complacer a los talibanes puristas?  ¿No puede la sociedad elegir líbremente el doblar lo que le salga de las narices? Hay puestos de trabajo, por cierto, amenazados por la medida y  el doblaje español llegó a ser de los mejores del mundo. Siempre pueden haber salas donde se vean las V.O subtituladas.

Un saludete en versión original y cariñosa.

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En el cine no se llora

Publicado: 8 abril, 2010 de Frankie en Cine para masocas, Cultura en serie

Pájaros de papel.  De Emilio Aragón (glub)

Para cambiar de tercio y escapar de vez en cuando del cine hiperactivo y sincopado,  resulta bueno acudir a una película española hecha con buenas intenciones y sensibilidad standard, justo como las que recomendarían algunas madres de familia, así como ciertas compañeras de trabajo a las que impresiona Imanol Arias.  Que luego mas tarde me arrepienta profundamente refuerza mi vocación de mártir cultural.

Porque este hombre, Imanol, es un buen actor y de seguro se moriría un gatito si no lo señaláramos. A tal punto se toma su trabajo en serio que, ya hace años, le dijeron que interpretara a Antonio Alcántara en Cuéntame y todavía no ha dejado de hacerlo, vaya por la historia fílmica que vaya y le dirija quien le dirija, lo cual es todo un tributo a la Escuela de la Mueca Única.

Su personaje en aquella serie topicona era el mayor compendio de generalidades y estereotipos que se le podía atribuir a un español medio de la época franquista, adornados con las virtudes esperadas para la época democrática. Una mezcla letal que le sigue allí por donde va, toda una  lástima, tan solo sea por cierto talento que parece poseer de fondo.

Como lo dirige E. Aragón, en lo que creo que es su opera prima y todo eso que se dice, el Alcántara que lleva dentro consigue imponerse con todos sus tics habituales. Los modales apresurados como por exceso de cafeína, el hablar seco y rápido diga lo que diga, aunque sean frases tiernas, que importa, si lo que siempre urge es escupir los párrafos enfadado y con cara muy seria. Cuenta para ello con el apoyo de un guión con menos matices que un  tablón pintado de negro.

Esta  dicción  como de metralleta que mencionaba arriba es, por cierto, una de las maldiciones de la interpretación hispana, aaag, vocalizar y gesticular como si tuvieras los dedos metidos en un enchufe.

En esta  historia se pretenden mostrar algunas de las  andanzas de una compañía de cómicos de segunda fila (y viendo como buscan la risa mas bien de tercera) en la posguerra dura y totalitaria, con una importante pérdida familiar que acompaña a Arias y que conseguirá que no cambie la cara en casi toda la película. Además de ello, Milikito, el director, intenta de un solo plumazo hablar de todas, pero de toditas todas las intolerancias de aquella época, exceso de ambición que se paga caro.

Porque después todo se queda en un cuadro difuminado, en una historia que intenta en vano buscar la lagrima tranquilita  pero que no pasa de la anestesia emocional. Y es que es imposible que te toque la vena ese huerfanito incomprensible que aparece, ya maduro antes de haber crecido y con habilidades extra de todo tipo, como una especie de pitufo empeñado en hacer de hijo y psicoanalista de Imanol.
Y si no te emocionas un poquito con el huérfano, menos lo harás con la tragedia de un padre que no se expresa mas que en una escena de desahogo más bien tardía, cuando la atonía emotiva lleva rato haciendo estragos.

Y no me pretenda usted, señor Aragón, llegarnos al alma con una aparición oportunista y homenajeadora para con su señor padre, Miliki.  Los recursos maníqueos se deben usar con más garra si los tales se pretenden eficaces y, en mi opinión, no hay mas que sosez y falsa dignidad en la escena final, en esa despedida escénica del huérfano que fue, ahora ya mayorcito y triunfante en nuestra época.

Y el caso es que se intenta. Esa salida del camerino, con la aparición de un fan entusiasta, joven y con rastas que, no obstante, transmite felicitaciones de sus padres. Con ellas conseguimos la coincidencia intergeneracional y, con las rastas del muchacho, una insinuación de bendiciones pijoprogres, así pues, todos felices.

Y el discurso final, pues eso, un decir que eres muy torpe y viejo para conseguir que te digan que noo, que de eso nada, que tu sigues valiendo mucho, aunque seas mas soso que los membrillos. Y de las verdaderas penurias y  miserias de una época atroz  olvídate. Porque lo que importa no es contarlas ni entenderlas sino enarbolarlas como estandarte, ay, que lástima de  abueletes puteados de ambos bandos.

Bueno, pues un saludo con naftalina. Que es que todo el público era del Inserso, je, je. Ojalá disfrutaran.

Star Trek, porqué no.

Publicado: 13 mayo, 2009 de Frankie en Cine para masocas

A ver, ¿Porqué no vas a ir a verla? ¿Porque existe un riesgo muy real de encontrarte con una aventurita sin más? ¿Porque a estas alturas del espíritu original de la serie (sea lo que esto sea) casi no quedará nada? ¿Porque te pueden ver los amigos entrando en el cine (je, je)?.

Bueno, todas estas razones son válidas y todas ellas se cumplen un poquito. La realización de la peli es correctita, los decorados son resultones. Los exteriores planetarios parece que poquito a poquito van alcanzando verosimilitud y se alejan del cartón piedra y de la infografía baratilla de no hace tanto. Pero salen cadetes espaciales con novias y rivalidades, ay, como en Tropas del espacio.

La narración introduce a unos enemigos provenientes de varios años en el futuro que pretenden destruir, con ánimo de vengar una supuesta injusticia venidera, todo lo que pillan a su paso. No reparan los guionistas en la descomunal paradoja temporal del abuelo asesinado ni nada por el estilo. Se trata de ir encontrando en un pasado alternativo a todos los personajes originales cuando aun eran púberes, para así poder introducir las tecnologías digitales y los más acabados interiores futuristas de hoy en día, je, je…

Y, como se trata de mostrar a los personajes originales en su juventud, los actores son jovencitos y jovencitos sus personajes, equilicua. La combinación hace que a veces te parezca estar viendo alguna serie de esas del disney channel, con todos estos muchachos que pasan de tener pulcros flirteos en los cuartos de la academia a liderar toda una batalla espacial y salvar a la Tierra.

Y el joven capitán Kirk está predestinado, claro. Lo sabemos nada más empezar, pero no por que ya sepamos que envejecerá comandando la Enterprise, noo. Es porque un maduro almirante, de los duros, un veterano digno de Heinlein, le clava la mirada de las Mil Millas, la del demuéstrame que eres un Emperador de Todas las Cosas (además de ídolo teen).

Y claro, lo demuestra ante el malísimo e infrautilizado Eric Bana, al que no conoce ni dios, con todo ese Tattoo de motero que lleva por el careto. Y en una nave enemiga absurda e inverosimil en la que, por más inmensa que se vea, apenas hay espacio para andar en horizontal, la leche, que vértigo. Como siempre, los vulcanianos llevan togas y son sosos, los terrícolas expresan sus emociones divínamente y los malos parecen motoristas del extrarradio. Y Scotty, con su teletransporte habitual, salva a protas y guionistas de callejones sin salida sin cuento, que viva la varita mágica.

Menos mal que a ratos sale Leonard Nimoy. Solamente con su máscara habitual ya vale por mil infografías

Underwold

Publicado: 31 marzo, 2009 de Frankie en Cine para masocas

Intuimos la calidad de una película antes de verla, algo así como el instinto nos lo advierte. Pero cierta persona que ahora corre peligro de muerte por ello me dijo que esta no estaba mal. Confío por el bien de su integridad que en este momento esté bien lejos, brr…

Claro que a uno le encanta ver a los vampiros peleando con los hombres lobo, pero no de esta manera, caray.

Porque hoy en día y a lo que parece, realizar una película de corte fantástico, salvo algunas excepciones que salen bien consiste, básicamente, en seleccionar actores que den el pego visual y en combatir a muerte la nitidez de imagen, que así te ahorras un montón en decorados creibles.

Y es que Underwold, la rebelión de los licántropos, una especie de precuela a lo que parece, está toda ella filmada en un color azulino del copón del que es imposible escapar, de una cualidad cercana al de algunos antros góticos de la nocturnidad. Sí, ya sabemos que los vampiros solo operan en las tinieblas, pero hay dos opciones clásicas de iluminación que nunca dan mal resultado:

a) Optar por el realismo o por algo cercano al mismo, como hicieron en el Drácula de Coppola y otras, como Entrevista con el vampiro, etc

b) Filmarlas con una correctita luz de estudio como las entrañables y antiguas de la Hammer, con lo que consiguen que las veas de cine, nunca mejor dicho.

Luego, alguien supuso hace ya tiempo que los vampiros deben imitar en su aspecto a los grupos musicales tipo Bauhaus y otros de los 80s, que a su vez imitaban a vampiros del cine mudo, etc.

De ahí a pasarse por alguna fiesta de siniestros y góticos de algún país nórdico y reclutar a los figurantes solo hay un paso, que en esta cinta dan sin complejos. Hay alguna que otra vampiresa secundaria por ahí que solo le falta hablar por el móvil.

Y luego, para los licántropos, siempre habrá un referente básico para su transformación en tales. Me refiero a la fantástica escenificación que se realizó en Un hombre lobo americano en Londres, la madre de todas las transformaciones. Aquí han hecho Copia y Pega, pero con algún programa de digitalización baratillo, porque el resultado siempre les queda escalofriante aunque no de miedo precísamente.

La culminación del caos, el ataque final de los licántropos, es de una textura cercana al patetismo visual. Semejan un montón de bolas peludas corriendo a tirones y “escalando” las murallas del castillo vamp, como esos muñequitos que los lanzas a una pared y se quedan pegados.

Se salvan por su trabajo el actor que interpreta al vampiro jefe, el diseño de algunos trajecitos y poco más. El licántropo lider, cuando es humano, tiene menos carisma que el ministro Solbes recién levantado y la vampira rebelde funciona más como una adolescente tocapelotas que como la Gran Traidora a su Raza.
Bueno, un saludo cariñosete a todos.

El insípido caso de Benjamin Button.

Publicado: 24 febrero, 2009 de Frankie en Cine para masocas


Esta vez la responsabilidad de ver el muermecillo de David Fincher es completamente mía, por aquello de que como la idea germinal que subyace, la del tipo que sigue un desarrollo biológico inverso, podría considerarse como cifi porque no ver, por tanto, algo de este género. Y lo hice a sabiendas de que a la CF en el cine se le quita todo el mordiente crítico y desasosegante que podría tener, justamente para que deje de serlo y se quede en fantasía nostálgica para que exclamen las parejas de novios.

Se le amputa este ingrediente porque no es plato de gusto para las hordas palomiteras, que tan solo quieren ver la apariencia visual de las especulaciones. En este caso, la peli se merece por completo el plantón que le han dado en los oscars. Por una vez, los que premian han considerado que una exhibición sobre efectos de maquillaje y elaboraciones de Photoshop no puede considerarse historia de ningún tipo.

Aquí tenemos un desarrollo de la idea tacaño y castrante, merecedor de llevar al paredón a los guionistas o, en todo caso, al autor de la novelita pastelera de donde salió el proyecto. La enormidad y anomalía de la circunstancia de rejuvenecer progresivamente no causa más impacto que alguna ligera extrañeza en los residentes de un hogar de jubilados, destino inicial del protagonista, convertido por tanto en coartada perfecta para no romperse mucho los sesos al relatar posibles implicaciones.

Como se asume automáticamente la completa idiotez de los abueletes -incluso los libres de demencias- estos verán normal que la criatura parecida a ET -que tiene bemoles- que llega a ellos al principio vaya siendo cada vez más juvenil, así como experimentando unos liftings y estiramientos de piel que ya envidiarían las estrellonas del corazón.

Porque el caso es que hay sus problemas al rejuvenecer a Brad Pitt, que sí que será muy guapín pero es que, con esa falta de pómulos y rasgos tan suavitos, se pasa la mitad de la película pareciendole a algún espécimen de Star Trek, con esas melenonas encanecidas y esos ojitos azules sobredimensionados, que por momentos recuerdan a los de Gollum, je, je. Porque la magia digital aquí muestra notables limitaciones. Pero lo peor está por llegar.

Brad y Cate Blanchett, la parejita “eterna”, son intérpretes funcionales, la verdad es que no pasan de ahí, quizá ella sea algo mejor. Y el problema es que quien les dirige está empeñado en que interpreten sosito y sin gestualizar demasiado, por lo visto para que no se les corra el abundante maquillaje que tienen que llevar encima de la jeta, con las juventudes de uno y los envejecimientos progresivos de la otra. La consigna aquí parece ser : Muestra lo que sientes pero sin alharacas, que con la musiquita de fondo los espectadores ya adivinarán lo que llevas por dentro.

Y el Benjamin, el anciano al revés, se embarca, nunca mejor dicho, en un barco remolcador cuando todavía era de apariencia viejecita. Como el guión pone que tiene que ser marinero, el capitán no se da cuenta de que parece un alienígena arrugado más que un abuelete y lo contrata, faltaría más, o sea que lo dicho, como si se tratara de Star trek Nuevas Generaciones, con espécimen insólito a bordo. Y en todo el tiempo que pasa, por alguna misteriosa razón no se dan cuenta de que se hace más alto, joven. etc. Será porque es más bueno que el pan y muestra una personalidad más plana que los figurantes de anuncio, que todo ayuda.

No se percata nadie de la “extrañeza”, porque se supone que los espectadores tenemos que sentirnos más listos y por encima de los perceptívamente cretinos pobladores de la historia, que a lo único que llegan es a razonar que sí, Benjamin, “…tu siempre has tenido algo especial, siempre lo supimos…” y eso cuando la mayoría de los personajes ya están criando malvas o convertidos en afiliados al Inserso y el amiguete trota lozano por las campiñas.

Al final, la pareja eterna solo ejerce como tal en la mitad de sus vidas, donde la Blanchett y el Pitt las pasan canutas para quererse como Dios manda, con ella desesperada por la atonía emotiva de el y, como no, por su temor al compromiso, su misterio vital de pacotilla y que se yo que más lugares comunes. Bueno, a partir de ahora pienso entrar al cine con cilicios y capucha de penitente, para estar más a tono con esta sección.

Un saludín endulzado a todos.

Australia y Disneylandia.

Publicado: 27 enero, 2009 de Frankie en Cine para masocas

Los primeros seres humanos del género sapiens que pisaron Australia ya lo hicieron hace casi la friolera de cuarenta o cincuenta mil añitos, que se dice pronto, pero desde luego fue antes de Nicole Kidman.

Fue una de las migraciones de nuestra especie más antiguas de las que se tiene constancia, facilitada por unos menores niveles oceánicos que permitieron desplazamientos en embarcaciones sencillitas desde las islas cercanas y todo eso, consiguiendo poblar el territorio de unos extras de cine de lo más resultón.

Después de esto, los niveles del mar subían y bajaban como el termómetro, de tal manera que ello propició un aislamiento de lo más cojonudo y efectivo, una especie de éstasis en el que vivieron con ciertos mamíferos marsupiales, unos que traían una cestita maternal incluida en el diseño y que luego harían las delicias de colonos y espectadores con palomitas.
De hecho, se pasaron el 99 por ciento de su historia étnica y culturalmente solitos, viviendo su particular paradoja de Fermi, cosa que suele traer consecuencias nefastas, al menos aquí en nuestro mundo.

No es de extrañar, por tanto, que viendo saltar a los canguritos y especializándose en sensaciones olfativas, rastros, colinas y demás, no estuvieran preparados para la globalización victoriana que se les vendría encima con los “colonos” británicos. El entrecomillado es obligatorio porque eran en buena parte escoria presidiaria y carceleros ventajistas, que aterrizaron allí como predadores y que laminaron a la población local, dejando la justita para luego hacer pelis de buena conciencia como esta.

Como en toda producción con sacarina, donde los malos lo son sin medias tintas y el sexo es una
muslada apenas entrevista, los actores de las etnias segregadas representan a magos alienados que, en el colmo de la contradicción, ejercen de agentes colonizadores de lo más eficaz. Que sería del rebaño de ganado de la Kidman y el otro prota de cuyo nombre no quiero acordarme, si el niño nativo no fuera capaz de frenar una estampida masiva con solo ponerse de frente y mirar. Como en Cocodrilo Dundee pero a lo bestia…

Y si de pronto el desierto se muestra como lo que es, más seco que la mojama, pues con recurrir al abuelo del niñito, que hace radiestesia gratis, ya tienes agua de sobra, que la cultura donde nació este señor ya señalizó todos los acuíferos existentes, previendo las necesidades de los futuros colonos blancos.

Es decir, que basta que quieras al pequeño niño “café con leche”, que lo quieras bien, para que tengas un pase de honor y quedes a salvo de todo peligro, con el continente convertido en un parque temático donde los nativos verán dentro de tu corazón puro y pondrán su sabiduría a tu servicio. Si encima eres Nicole Kidman solo habrás de echar paciencia con ese actor convencional y estereotipado que, a su debido tiempo, dejará de hacerse el duro y reconocerá que te ama.

Pero si en vez de ello solo eres el primo que pagó la butaca -si, otra vez yo, que lo mío es la penitencia fílmica- solo te queda la voluntad de reprimir la arcada tremens y que pasen pronto las casi tres horas.

Un saludete de canguro domesticado.